El otro día hablando con una “galleguiña” que recorre su tierra investigando, para su tesis, las técnicas ancestrales del tejer, me acordé de Virxilio Viéitez (1930-2008). Nació en Soutelo de Montes (Pontevedra) y en los cincuenta, tras unos años de ausencia, Virxilio volvió a su aldea en una bicicleta roja y allí, sin la ambición artística tal y como la conocemos hoy pero con un grandísimo arte, retrató con la cámara a vecinos, muchos ellos familiares y/o amigos de emigrantes gallegos que miran fijamente a la cámara en celebraciones o rodeados de sus nuevos bienes: un coche, una radio, un juguete o animales de compañía. Personas de otro tiempo, como las que sobreviven envidiablemente felices con su telar y nada más que su telar.
Virxilio se convirtió en uno de los grandes de la fotografía de este país. El encuadre y la dignidad que transmiten los retratados me recuerdan al trabajo de Diane Arbus, su contemporánea al otro lado del Atlántico. Sus fotografías son la pera.
En el 2011 su obra estuvo expuesta en MARCO (Museo de Arte Contemporáneo de Vigo) y tal vez en un futuro la podamos disfrutar en la Fundación Teléfonica de Madrid…


